Roñoquero Y Mamblea  ROOQUE~11

Verdaderamente pocos recordarán los nombres de familia de ROÑOQUERO  y de MAMBLEA y no son otros que Carlos Bernal y Manuel Prieto, respectivamente, este último según me contaba mi abuela Mamá Dolores (Dolores Prieto) era primo suyo por lo cual entiendo ahora, que muchas de las cosas que en mi vida hice son fruto de la herencia recibida de mis ancestros.

Roñoquero y Mamblea son dos personajes populares famosos por sus chistes o quizás dicho de otra manera: por sus increíbles aventuras signadas por hechos fantasiosos, se llegaron a convertir en una referencia de los antes dicho y frases como: “vos si sois roñoquero” o “vos le ganáis a Roñoquero y Mamblea” se convirtieron en prototipos de de las “hazañas”  que la imaginación colectiva les atribuyó sin saberse a ciencia cierta la certeza de las mismas.

El Padre Ocando Yamarte en el “prejuicio” de su libro sobre ambos personajes anota: “procesando el material recopilado, fuí descubriendo poco a poco, las dificultades de dos carpinteros en una Maracaibo apurada. Muchas de sus ‘salidas’ giran en torno al desempleo. A diversas maneras de conseguir la alimentación. Hambre y desempleo son dos temas centrales: ‘matas de arepita’.. ‘matas de pescaíto’… Sus días eran roñosos, pero ellos tenían la sabiduría de revestirla de humor”.

  Nombrar a este par es asociarlos automáticamente con el embuste (la mentira), el ocio y Maracaibo, como prueba de ello existe una historia que comenta que una vez participaron en un concurso de embusteros organizado por una emisora de radio local que se llamó “Ondas del Lago”. Roñoquero contó en el concurso, que una vez se lanzó al lago de Maracaibo desde un avión a 3000 metros de altura sin paracaídas, y que cuando cayó, mató a un cocodrilo del golpe que le metió en la cabeza; que luego nadó hasta la orilla donde salió a tierra fresquecito.
Cuando le tocó el turno a Mamblea, contó que él una vez en África se encontró en la selva con un tigre y un león gigantescos, que se lo querían comer. Narró, que sin asustarse, se colocó en un sitio estratégico, desde donde apuntó a las dos fieras en fila, y de un solo disparo, las atravesó con el único tiro que le quedaba en la escopeta. La participación en el concurso le valió a estos personajes ganarse el calificativo de ser los maracuchos más embusteros que han existido.

Aquí va uno de sus chistes

RUIDO

- ¡Concha, Roñoquero, tengo más hambre que un burro muerto! ¡Y yo estoy en la lona!

- No te preocupéis que yo tengo aquí un fuerte y un rialito. El fuerte no lo podemos gastar pero el rialito sí. ¡Vamos a ver que a´cemos!

Un perfume “a’ arroz” denunciaba la ciudadanía del restaurant.

- Mirá, chino ‘el cirullo, danos un rial de yuca.

Chong Ching Gum, todo él carreritas, se fue y regresó casi al punto con una bandeja de una losa impecable. Roñoquero admiró los dragones y la pasó a Mamblea:

- Váis pues, Mamblea, comé.

La masticación no tenía sordina. Una grabadora cualquiera hubiese registrado claramente todos los movimientos digestivos. “Estaban hambrientos”. De improviso Roñoquero se sumió en una paralizada contemplación:

- ¿Que pasa Roñoquero? ¡Ey!

- ¡Mamblea!, mirá pa´llá’quel pollo que están asando…

Los dos chuparon aire entre los dientes. El olor sonsacaba el fuerte del bolsillo de Roñoquero. ¡No! ¡Ese fuerte era sagrado!. llegaron a un acuerdo económico y, a la vez, compensatorio: aspiraban profundo antes de masticar la yuca.

El chino los acechaba, como si estuviera escondido trás un cañaveral.

Terminaron.

- Bueno, Roñoquero, la cosa no estuvo mala. ¡Hasta comimos pollo!

Roñoquero tiró el “real” al mostrador. Ambos salieron con rapidez de la satisfacción. Chong Ching Gum los detuvo con griticos agudos.

- Favol pagal completo… un leal no es… ¡Mas!

-¿Que?

-Faltal el dinelo del polo….

-¡Que pollo chico?…. ¡Vos estáis loco!

-Sí, ¡sí!… Yo pude vel que ustedes comel olol del pollo.

- ¿Así es la cosa?, Bueno, vamos a pagarte el pollo pues. Damé acá el rial que te dí ahorita. Yo te pago tó’ con un fuerte.

Chong Ching Gum entregó la moneda con la faz iluminada. Roñoquero sacó la moneda “de a cinco”, la hizo saltar sobre el mostrador, la recogió y la volvió a su bolsillo. Luego exigió categórico:

-Ajá, chino pájaro bravo, ahí tenéis. ¡Cobrate ‘el sonío y me dáis el vuelto!

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