Archive for 30 marzo 2010

RAFAEL MARIA BARALT

Rafael María Baralt ( Maracaibo, Venezuela, 3 de julio de 1810 – Madrid, España, 4 de enero de 1860), fue un escritor, periodista, historiador, filólogo, crítico y poeta. Autor del primer diccionario de galicismos del español y primer latinoamericano en ocupar un sillón en la Real Academia de la Lengua Española.

Rafael María Baralt.

Datos biográficos

Don Rafael María Baralt nació en la ciudad de Maracaibo, capital del estado Zulia (Venezuela), el día 3 de julio de 1810. Su nacimiento ocurrió en medio del movimiento de independencia de Venezuela, colonia de la corona española por más de tres siglos. Era hijo del Coronel venezolano Don Miguel Antonio Baralt y de doña Ana Francisca Pérez, oriunda de la República Dominicana. Debido a las visicitudes políticas de aquel tiempo de guerras, la familia Baralt Pérez se trasladó a Santo Domingo, donde transcurrió la mayor parte de la infancia de Rafael María Baralt.

La familia regresó a la ciudad de Maracaibo en 1821, donde Baralt vivió durante cinco años. En 1827 su tío paterno, don Luis Baralt, le llevó a la ciudad de Bogotá, Colombia, para comenzar sus estudios superiores.

Estudios y vida pública

Fue estudiante de la célebre Universidad de Bogotá, donde cursó los estudios de latín y de filosofía y obtuvo el título de bachillerato en 1830. Desde entonces formó parte de la política y la milicia venezolana contra los reformistas en 1835, llegando al rango de capitán de artillería, para luego ocupar un cargo en el Ministerio de Guerra.

En 1840 viajó a París para editar su Resumen de la Historia de Venezuela y Diccionario de Galicismos.

El 13 de septiembre de 1841 se va definitivamente de Venezuela. Primero viaja a Londres y luego se radica en Sevilla y en Madrid. Allí realizó la mayor parte de su abundante obra literaria. Entre sus obras ocupa un lugar importante su oda ‘Adiós a la Patria’, considerada de una impresionante riqueza poética. También ocupó importantes cargos en el Reino de España, como Director de la Gaceta de la Corona, Administrador de la Imprenta Nacional, etc.

Fue el primer hispanoamericano en ser elegido individuo de Número de la Real Academia de la Lengua.

Muere el 4 de enero de 1860 en Madrid, España, sin haber cumplido los 50 años de edad. Moralmente abatido tras un juicio que se le siguió en Madrid, -pese a que se le reivindicó públicamente – no resistió más de tres años hasta su muerte.

Fue también redactor, en febrero de 1829, del periódico zuliano ‘El Patriota del Zulia’. No fue sino hasta 1842 (tenía 32 años de edad), cuando inicia su obra poética, que lo convierte en uno de los zulianos más destacados. ‘Adiós a la Patria’, su poema mas importante y extenso, contiene estrofas que irá agregando hasta los días cercanos a su muerte:

Tierra del sol amada

Donde inundado de tu luz fecunda

En hora malhadada

Y con la faz airada

Me vio el lago nacer que te circunda.

Las últimas estrofas del poema son las siguientes:

No te duela mi suerte,

No maldigas mi nombre, no me olvides

Que, aun vecino a la muerte,

Pediré con voz fuerte

Victoria a Dios para tus justas lides

Dichoso yo si un día

A ti me vuelve compasivo el cielo,

I me da, patria mía

Digno sepulcro en tu sagrado suelo

Después de su muerte, sus restos se extraviaron y transcurrieron 122 años para su regreso a Venezuela. Aunque el Senado venezolano le había concedido el derecho a ser sepultado en el Panteón Nacional desde 1943, es el 24 de noviembre de 1982, cuando sus restos finalmente regresan a Venezuela e ingresan al Panteón Nacional, después de haber pasado una noche en la alcaldía de su querida Maracaibo.

En 1982 fue creada en Cabimas, ciudad de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, una universidad que lleva su nombre: Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB).

Bibliografía: Wikipedia.

LOS “PECADOS” EN SEMANA SANTA

theCrucifixionofjesuschrist “Mijo no te váis a bañar allá porque te podéis convertir en pescado. Hacé caso a tu madre que sabe de eso y aprendé que hay que respetar la Semana Santa”, así reprendía Úrsula Villalobos a su hijo Eduardo cuando pretendía tomarse un baño en la playa cercana a su residencia ubicada en Los Jobitos, Municipio Miranda.

Eran los años 60 y 70, pero las supersticiones invadían las residencias de los maracuchos desde hacía mucho tiempo. Al hablar sobre el tema la mente de Dorotea Cantaclaro, de 84 años, se transportó a los años 40. A su memoria lúcida viene el recuerdo de su madre María Cantaclaro, quien la reprendía constantemente cuando ella trataba de peinarse su larga cabellera los días Jueves Santo y Viernes de Adoración a la Cruz. “Mamá me decía que no me podía peinar en esos días, porque si lo hacía, el Señor me iba a reprender”. Cuando llegaba el tiempo de alejarse del peine, María se elaboraba unas trenzas en el cabello, “y así nos manteníamos las mujeres de la casa alejadas del pecado. A cada rato mamá comentaba que esas cosas agradaban al Todopoderoso”, recordó la hoy abuelita.

En el hogar de Laura Olarte, mujer de 94 años que reside en el barrio de Santa Lucía, ninguna persona estaba autorizada a realizar labores de martilleo. Nada de poner clavos, romper pisos o paredes. “En el hogar no se escuchaba ningún ruido, todos hablábamos en tono bajo, todo era paz y tranquilidad. Mi abuela decía constantemente que si alguien martillaba, el ruido atraía a los demonios que Jesús sacó de los desposeídos”. Continuó relatando Olarte, “el miedo reinó entre nosotros porque ‘Mameca’ (abuela) también afirmaba que los aparecidos nunca se saldrían de la casa. Pienso que mis padres comentaban eso porque mis 19 hermanos eran muy tremendos y gritábamos por toda la residencia, raramente esa era la única época del año en que se respiraba paz y quietud dentro del hogar”.

ABSTINENCIA

Para Juana Carrizo estuvieron prohibidos los “actos carnales” en los días que se celebraba la muerte y crucifixción del hijo de Dios. “Me casé el 23 de Marzo de 1.956; mi esposo, para ese entonces,  era muy supersticioso y no deseaba tener relaciones durante la noche de bodas y el resto de la semana. Su madre le enseñó que esos actos no debían hacerse durante los días de la Semana Mayor y si se llevaban a cabo la mala suerte recaería sobre la persona hasta el final de su vida”.

Curas y sacerdotes de antaño comentaban a los creyentes que el respeto hacia las tradiciones religiosas era lo único requerido por la Iglesia a la feligresía, que cada año inventaba nuevos métodos y comportamientos que conllevaran a la devoción.

Resaltó el historiador Luis Torres que “años atrás la gente pensó que no debía acercarse a una mata de limón y mucho menos ser pinchado por una espina, ya que se tenía el riesgo de sentir en la cabeza la corona de púas que le fue colocada a Jesucristo, momentos antes de ser sacrificado. La costumbre pasaba de generación en generación sin tener ningún tipo de fundamento o explicación lógica”.

LA PALMA

La procesión que celebra la entrada mesíanica de Jesús en Jerusalén tiene un carácter festivo y popular que comprende el triunfo real de Cristo hacia la Ciudad Santa y el anuncio de la Pasión.

Alejado de la significación del acto eclesiástico, hombres y mujeres asisten al evento para tomar la correspondiente palma, instrumento según el que se piensa es un objeto para la suerte.

“Esa es una de las creencias que más se ha mantenido en el tiempo, las personas afirman que el objeto es un amuleto, un curativo o para tener alejados a los malos espíritus y así evitar, en las casas y campos, los daños que causan. La realidad es muy distinta porque el ramo se conserva, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo y en su victoria pascual”, aseguró la creyente Andreína Paredes, de 67 años.

En la mente de Úrsula Villalobos, de 83 años, ya no existen las creencias y supersticiones de su madre. “A lo mejor las creencias se imponían para que se respetara la Semana Santa y asistieran a la iglesia, ahora hay gente que solo piensa en viajar y por su mente no pasa la idea de ir al templo”, explicó.

HABLA LA IGLESIA

“Muchas de las creencias no eran enseñanzas de la Iglesia. Las supersticiones eran formas de presión, para que respetaran los días santos del calendario litúrgico. La idea era que todos fijaran los ojos en los símbolos de la Pasión de Cristo”. De esta manera, el vicario general de la Arquidiócesis de Maracaibo, Eduardo Ortigoza, explicó los comportamientos exagerados de la población de antaño. El prelado añadió que, durante esos días, el respeto, la reflexión y la meditación sobre la pasión, muerte y resurrección de Cristo eran el pan de cada día dentro de cada núcleo familiar. “La finalidad de estos argumentos era incentivar el reposo. Algunos exageraron diciendo que una persona podía estar martillando los clavos de la cruz de jesucristo si trabaja esos días”, aseguró Ortigoza.

El Arzobispo de Coro, Roberto Lückert, afirmó que la rigurosidad del ayuno previo a los días de la Pasión caracterizó la práctica en los pueblos. “Las mujeres vestían de luto y los hombres iban de flux a la iglesia, como si fuera un entierro fúnebre. En las casas evitaban prender el fogón y la comida se preparaba un día antes, incluso, se tenía que hablar en voz baja”. También se encendía sahumerio y se pasaba por toda la casa para bendecirla, con ello se tenían que leer las oraciones que aparecían en los sobres que se vendían en el centro de Maracaibo. Los paquetes venían con la estampita del Corazón de Jesús, la Mano Poderosa, y la Virgen de Chiquinquirá, entre otros. Los que se quedaban en casa tenían que escuchar la transmisión radial de las misas y la música sacra.

Muchos evitaban decir groserías y mentiras. Hasta cuando llegó la televisión, a finales de la década de los 50, la programación estaba totalmente dedicada a películas sobre la Pasión y muerte de Jesús, e incluso décadas mas tarde, la programación humorística y las telenovelas hacían una pausa.

Lückert explicó: “Muchos veían la playa como disfrute, entonces para meter miedo la gente decía que al bañarse ahí uno podía convertirse en pescado”. Finalmente el arzobispo de Coro afirmo que esos días son para el recogimiento espiritual, pero ahora la situación es muy distinta en las grandes ciudades. “Todos se van a disfrutar de actividades recreacionales y son pocos los que reflexionan sobre el Evangelio. Muy pocos temen a las creencias de antaño”.

RAFAEL RINCON GONZALEZ

Escucha en este link: Maracaibo Florido

Rafael Rincon Gonzalez Mas de 100 composiciones musicales acreditan al maestro Rafael Rincón González en el mundo musical zuliano. Con tanta mayor razón cuanto que su temática se mantiene en la línea del folklore regional.

Hubiera bastado que compusiera “Maracaibo Florido”, “Los Pregones Zulianos” y “Soberana” para no pasar al olvido. Sin embargo, otras creaciones de exquisita belleza lo reconfirman como uno de los mejores compositores del Zulia: “ No te puedo olvidar”, “El Platanero”, “Maracaibera”, “Lamento Guajiro”, y “Mi Calvario”.

Como el maestro Luis Guillermo Sánchez García, Rincón González ha sido muy grabado.

Es un apasionado del Maracaibo de antaño, de “aquel mi Maracaibo” y un crítico acerbo de las costumbres dudosas que van adquiriendo carta de ciudadanía, sobre todo en el mundo juvenil masculino.

Rafael Rincón González no solo es un buen compositor musical, sino también un decantado autor de textos.

Durante años se mantuvo al frente del conjunto gaitero “Los Compadres del Exito”. Como autor de gaitas también es una notabilidad.

Bibliografía: Historia del Zulia, 3a. Edición, Gustavo Ocando Yamarte, págs. 715-716

EL “OLONES” EN MARACAIBO

El Olonés Jean David Nau nació en una provincia de Francia llamada “Sables d’ Ollonés” de jóven trabajó como criado en las colonias francesas del Caribe y de allí pasó a La Española, hoy República Dominicana. Convivió con los cazadores de reses que traficaban con barcos de Inglaterra, Francia, Holanda y con más de un navío Español, luego se alistó como marinero y por su capacidad, astucia y valor llamó la atención del Gobernador de la Isla Tortuga quién lo nombró capitán y le facilitó un buque para que comenzara a probar fortuna en el negocio de la piratería. Pronto se hizo famoso caracterizándose por su crueldad y arrojo, no tenía piedad con sus prisioneros y su afán de dinero y riquezas no tenía límites. En esta epoca su carrera tuvo tuvo algunos altibajos hasta que con muy buena suerte logró reunir una flota de 16 barcos artillados y 1.600 hombres con los cuales se hizo a la mar logrando capturar algunas naves más cargadas de buenas provisiones, armamento y nuevos voluntarios para su tripulación.

Para esta fecha, 1.666, la ciudad de Maracaibo contaba con 4.000 habitantes incluyendo los esclavos, estaba protegida por murallas de barro y cal en la conocida Punta de Arrieta y por una batería de cañones ubicada frente a la Plaza de San Francisco. Entre Maracaibo y el puerto de Gibraltar, situado al sur del lago, existía un comercio floreciente y la bonanza económica que disfrutaban ambas ciudades las hacían blanco de los codiciosos piratas que rondaban por el Caribe. La entrada al lago mejor conocida como “La Barra” estaba resguardada previamente por dos islas separadas por un brazo de mar: una llamada Las Vigilias, hoy Isla de Toas y otra llamada La Paloma, San Carlos actualmente. En otra pequeña isla situada mas al oriente denominada Zapara se encontraba un reducto amurallado con una pequeña guarnición que protegía el otro brazo de mar.

En sus correrías “El Olonés” se dirigió hacia Maracaibo y bien informado sobre los peligros que encaraba al tratar de forzar el paso de sus barcos por La Barra desembarcó sus hombres en la parte norte de la Isla de La Paloma a una legua de distancia donde se encontraba el fuerte de San Carlos. Los piratas lograron emboscar a los refuerzos que el Gobernador Pedro Gómez de Parras había enviado desde Maracaibo y los masacraron a todos, posteriormente atacaron el fuerte y se trabó un feroz combate que duró tres y horas y culminó con la caída de la fortaleza.

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Posteriormente “El Olonés” logró desembarcar en Maracaibo y se dedicó a la requisa de todas las casas y edificios de la ciudad en busca de dinero, joyas y provisiones a la vez que sus barcos cañoneaban los cerros y arboledas que protegían a la ciudad lacustre, Los habitantes se habían apresurado, ante la caída del San Carlos,  a recoger sus objetos de valor y a huir en botes y piraguas hacia Gibraltar o en carretas hacia los hatos que se encontraban en las sabanas próximas. Los piratas lograron hacer 28 prisioneros entre los que se encontraban mujeres y niños y muchos fueron decapitados o sometidos a torturas para que revelaran donde ocultaban otros habitantes sus tesoros.

Después de 15 días “El Olonés” ordenó la partida hacia Gibraltar, sus pobladores habían reforzado sus defensas y pese a la fuerte resistencia que presentaron la ciudad cayó en manos de los piratas, la escasez de alimentos y la ausencia de tesoros hicieron perder el interés de “El Temible” en permanecer allí y luego de 4 semanas de ocupación forzada comenzó a prenderle fuego a la ciudad amenazando con dejarla reducida a cenizas sino le pagaban un rescate de 10.000 piezas de a ocho. Una vez logrado su cometido levó anclas y partió de vuelta a Maracaibo, lanzando al agua muchos cadáveres que permanecían insepultos después de las escaramuzas que dejaron 500 españoles muertos y 40 piratas.

En Maracaibo capturó a un grupo de personas y bajo la misma amenaza de prenderle fuego a la ciudad logró que le pagaran un rescate de 20.000 piezas de a ocho y la entrega de 500 reses. Después de 2 meses de correrías por el Lago salieron rumbo a La Española.

Entusiasmado por sus éxitos en Venezuela se dedicó, con menos fortuna, a asolar las costas de Centroamérica desde Yucatán (Méjico) hasta Darién (Panamá) sometiendo a su pillaje a los españoles e indios que habitaban en esas regiones dejando a su paso una estela de muerte y desolación. Finalmente “El Temible Olonés” pereció a manos de los indios que, al capturarlo, cortaron en pedazos su cuerpo y lo echaron a la hoguera. Justo fin para aquel que se deleitaba en arrancar el corazón a sus víctimas inermes, mordiéndolo y dándoselo a comer a otros.

 

Bibliografía: El Desafío de La Historia, Año I, Número 1, páginas 76-82