El Olonés Jean David Nau nació en una provincia de Francia llamada “Sables d’ Ollonés” de jóven trabajó como criado en las colonias francesas del Caribe y de allí pasó a La Española, hoy República Dominicana. Convivió con los cazadores de reses que traficaban con barcos de Inglaterra, Francia, Holanda y con más de un navío Español, luego se alistó como marinero y por su capacidad, astucia y valor llamó la atención del Gobernador de la Isla Tortuga quién lo nombró capitán y le facilitó un buque para que comenzara a probar fortuna en el negocio de la piratería. Pronto se hizo famoso caracterizándose por su crueldad y arrojo, no tenía piedad con sus prisioneros y su afán de dinero y riquezas no tenía límites. En esta epoca su carrera tuvo tuvo algunos altibajos hasta que con muy buena suerte logró reunir una flota de 16 barcos artillados y 1.600 hombres con los cuales se hizo a la mar logrando capturar algunas naves más cargadas de buenas provisiones, armamento y nuevos voluntarios para su tripulación.

Para esta fecha, 1.666, la ciudad de Maracaibo contaba con 4.000 habitantes incluyendo los esclavos, estaba protegida por murallas de barro y cal en la conocida Punta de Arrieta y por una batería de cañones ubicada frente a la Plaza de San Francisco. Entre Maracaibo y el puerto de Gibraltar, situado al sur del lago, existía un comercio floreciente y la bonanza económica que disfrutaban ambas ciudades las hacían blanco de los codiciosos piratas que rondaban por el Caribe. La entrada al lago mejor conocida como “La Barra” estaba resguardada previamente por dos islas separadas por un brazo de mar: una llamada Las Vigilias, hoy Isla de Toas y otra llamada La Paloma, San Carlos actualmente. En otra pequeña isla situada mas al oriente denominada Zapara se encontraba un reducto amurallado con una pequeña guarnición que protegía el otro brazo de mar.

En sus correrías “El Olonés” se dirigió hacia Maracaibo y bien informado sobre los peligros que encaraba al tratar de forzar el paso de sus barcos por La Barra desembarcó sus hombres en la parte norte de la Isla de La Paloma a una legua de distancia donde se encontraba el fuerte de San Carlos. Los piratas lograron emboscar a los refuerzos que el Gobernador Pedro Gómez de Parras había enviado desde Maracaibo y los masacraron a todos, posteriormente atacaron el fuerte y se trabó un feroz combate que duró tres y horas y culminó con la caída de la fortaleza.

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Posteriormente “El Olonés” logró desembarcar en Maracaibo y se dedicó a la requisa de todas las casas y edificios de la ciudad en busca de dinero, joyas y provisiones a la vez que sus barcos cañoneaban los cerros y arboledas que protegían a la ciudad lacustre, Los habitantes se habían apresurado, ante la caída del San Carlos,  a recoger sus objetos de valor y a huir en botes y piraguas hacia Gibraltar o en carretas hacia los hatos que se encontraban en las sabanas próximas. Los piratas lograron hacer 28 prisioneros entre los que se encontraban mujeres y niños y muchos fueron decapitados o sometidos a torturas para que revelaran donde ocultaban otros habitantes sus tesoros.

Después de 15 días “El Olonés” ordenó la partida hacia Gibraltar, sus pobladores habían reforzado sus defensas y pese a la fuerte resistencia que presentaron la ciudad cayó en manos de los piratas, la escasez de alimentos y la ausencia de tesoros hicieron perder el interés de “El Temible” en permanecer allí y luego de 4 semanas de ocupación forzada comenzó a prenderle fuego a la ciudad amenazando con dejarla reducida a cenizas sino le pagaban un rescate de 10.000 piezas de a ocho. Una vez logrado su cometido levó anclas y partió de vuelta a Maracaibo, lanzando al agua muchos cadáveres que permanecían insepultos después de las escaramuzas que dejaron 500 españoles muertos y 40 piratas.

En Maracaibo capturó a un grupo de personas y bajo la misma amenaza de prenderle fuego a la ciudad logró que le pagaran un rescate de 20.000 piezas de a ocho y la entrega de 500 reses. Después de 2 meses de correrías por el Lago salieron rumbo a La Española.

Entusiasmado por sus éxitos en Venezuela se dedicó, con menos fortuna, a asolar las costas de Centroamérica desde Yucatán (Méjico) hasta Darién (Panamá) sometiendo a su pillaje a los españoles e indios que habitaban en esas regiones dejando a su paso una estela de muerte y desolación. Finalmente “El Temible Olonés” pereció a manos de los indios que, al capturarlo, cortaron en pedazos su cuerpo y lo echaron a la hoguera. Justo fin para aquel que se deleitaba en arrancar el corazón a sus víctimas inermes, mordiéndolo y dándoselo a comer a otros.

 

Bibliografía: El Desafío de La Historia, Año I, Número 1, páginas 76-82